sábado, 8 de septiembre de 2007

Un hombre de cierta edad y sus dos amantes.


Un hombre de edad madura, más pronto viejo que joven, pensó que era tiempo de casarse. Tenía el riñón bien cubierto, y por tanto, donde elegir; todas se desvivían por agradarle. Pero nuestro galán no se apresuraba. Piénsalo bien, y acertaras.
Dos viuditas fueron las preferidas. La una, verde todavía; la otra más sazonada, pero que reparaba con auxilio del arte lo que había destruido la naturaleza. Las dos viuditas, jugando y riendo, le peinaban y arreglaban la cabeza. La más vieja le quitaba los pocos pelos negros que le quedaban, para que el galán se le pareciese más. La más joven, a su vez, le arrancaba las canas ; y con esta doble faena, nuestro buen hombre quedó bien pronto sin cabellos blancos, ni negros.
“Os doy gracias, les dijo oh señoras más, que tan bien me habéis trasquilado .Más es lo ganado que lo perdido, porque ya no hay que hablar de bodas. Cualquiera de vosotras, que escogiese, querría hacerme vivir a su gusto y no al mío. Cabeza calva no es buena para esas mudanzas :muchas gracias, pues por la lección.”