domingo, 23 de septiembre de 2007

La gata transformada en mujer

Cierto sujeto quería con delirio a su gata: encontrábala hermosa, elegante, aristocrática: sus mayidos le extasiaban: el pobre había perdido el seso.
Aquel sujeto, pues, a fuerza de súplicas y lágrimas, de sortilegios y hechizos, consiguió del destino que su gata, a lo mejor, se trocara en mujer, e incontinenti, nuestro hombre se casó con ella. Estaba loco de amor. Nunca la dama más hermosa ejerció tal dominio sobre su amante, como aquella nieva esposa sobre su estrambótico marido. Mimábala él, y ella le correspondía. No encontraba el esposo en su consorte ni el menor resto de su índole gatuna, y ciego, a no poder más, juzgóla mujer perfecta, hasta que unos pícaros ratoncillos, que roían las esteras, destruyeron la dicha de los recién casados. La esposa se levanta de pronto, y los ratones echan a correr. Pero vuelven a poco, y acude ella de nuevo, a tiempo esta vez, porque el cambio de figura hizo que no la reconociese la gente roedora.

Siempre fueron cebo para ella los ratones: ¡tanta es la fuerza de lo que viene de natura! cierta edad no caben ya mudanzas: lo que se mamó en la cuna, se deja en la tumba. No podréis desprenderos jamás de lo que está en vuestro carácter: si le cerráis la puerta, entrara por la ventana.