jueves, 20 de septiembre de 2007

El león y el mosquito


“¡Vete, bicho ruin, engendro inmundo del fango!”Así denuesta el León al mosquito. Este le declara guerra. “¿Piensas, exclama, que tu categoría real me asusta o intimida? Más corpulento que tú es el buey, y le conduzco a mi antojo.”
Dice, y el mismo suena el toque de ataque, trompetero y paladín a la vez. Hácese atrás, toma carrera, se precipita sobre el cuello del León .La fiera ruge relampaguean sus pupilas, llénasele la boca de espumarajos. Gran alarma. Gran alarma en aquellos contornos; todos tiemblan, todos se esconden; ¡y el pánico general es obra de un mosquito! El diminuto insecto hostiga al regio animal por todos lados; tan pronto le pica en el áspero lomo como en los húmedos hocicos, o se le mete en las narices. Entonces llega al colmo la rabia del León .Y su invisible enemigo triunfa y ríe, al ver que ni los colmillos, ni las garras le bastan a la irritada fiera para morderse y arañarse.
El rey de los bosques se hiere y desgarra él mismo; el golpea sus flancos con la resonante cola; azota el aire a más no poder; y su propio furor le fatiga y le abate.
El mosquito e retira de la pelea triunfante y glorioso: con el mismo clarín que anunció el ataque, proclama la victoria; corre a publicar por todas partes la fausta nueva; pero da en la emboscada de una araña, y allí tienen fin todas sus proezas.

¿Qué lecciones nos da esta fabulilla? Dos veo en ella; primera, que el enemigo más temible suele ser el más pequeño; segunda, que después de vencer los mayores peligros, sucumbimos a veces ante el menor obstáculo.