domingo, 23 de septiembre de 2007

El león y el jumento yendo de caza.


El rey de los animales tuvo el antojo de ir de caza; eran sus días y quiso celebrarlos.
Las víctimas del León no son menudos gorriones, sino robustos jabalíes, gallardos ciervos y gamos. Para esta empresa siviose de un Jumento, de estentórea voz: sus rebuznos, suplían los solos del cuerno .Púsolo el León en lugar conveniente: lo cubrió de ramaje, y le dio orden de rebuznar con toda su fuerza, bien seguro de que los huéspedes del bosque huirían espantados.Y en efecto, como no estaban habituados a oír aquella tempestad de bramidos, echaron todos a correr, y cayeron en las garras del León. “¡Parece que os he servido bien!” Dijote el Jumento, envanecido con el éxito de la cacería. “Sí, contesto el León, tanto gritaste, que me hubiera asustado yo mismo, a no conocer tu casta.” El asno s hubiera encolerizado, a tener ánimos para tanto, aunque con razón se le burlaban. Porque ¿hay algo más ridículo que un asno fanfarrón? No es ese su papel.