miércoles, 3 de octubre de 2007

El viejo y el asno


Iba un viejo montado en su borrico, cuando vio una pradera verde y floreciente; soltolo en ella, y el animal se revolvió sobre la fresca hierba, frotándose y refocilándose, pateando y rebuznando a sus anchas. En esto, viene el enemigo. “Huyamos, dice el viejo. -¿Por qué? Preguntó el zanguango: ¿me pondrán doble carga?- No, contesto el viejo, tomando las de Villadiego.-Pues lo miso me da ser de unos que de otros. Escapad, y dejadme pacer. Nosotros no tenemos más que un enemigo, y es el amo.”