sábado, 6 de octubre de 2007

El pajarero, el azor y la alondra


Las injusticias de los malos sirven de excusa a las nuestras; ley del mundo es esta. Como trates a los demás te tratarán a ti.
Un labriego cazaba pajarillos con el espejuelo. El resplandor atrajo a una alondra; en el acto, un azor, que se cernía sobre los campos, se precipita sobre la avecilla, que cantaba junto a su sepulcro. Habíase librado la infeliz de la pérfida estratagema, cuando se vio en las garras del rapaz, y sintió sus afiladas uñas. Mientras se ocupaba el azor en desplumarla, quedó envuelto en las redes: “Pajarero, dijo en su idioma, suéltame; no te he hecho ningún mal.” El pajarero replicó. “ ¿Y ese animalito, que mal te había hecho?”