sábado, 6 de octubre de 2007

El sol y las ranas


Celebránse las bodas de un tirano, y el pueblo, con festiva algazara, ahogaba sus cuitas en los henchidos vasos. Esopo era el único a quien le parecían mal aquellos regocijos.
En tiempo de antaño, dijo, pensó el Sol en casarse, y comenzaron en seguida los lamentos de las anas. “¿Qué será de nostras si tiene hijos? Exclamaban. No hay más que un Sol, y apenas podemos sufrirlo; cuando haya media docena de Soles, quedarán en seco los mares y todos sus habitantes. ¡Adiós, juncares y pantanos! Anonada será nuestra raza, y pronto la veréis reducida a las aguas de la Laguna Estigia.” Paréceme que estas ranas no eran ranas para discurrir.